Agricultura

Miedo a las alturas

El ser humano está genéticamente programado para sentir miedo a las alturas.

 

En la década de los años 30 se construyen los mayores rascacielos de Nueva York, fue posibles a las nuevas tecnologías y “al factor genético de algunas personas” que no tienen miedo a las alturas.

La falta de vértigo de los indios mohawks, bautizados como las «águilas de la construcción», fue clave en la construcción en altura en los rascacielos de Manhattan.

 

La mutación genética que hizo posible la construcción de los rascacielos de Nueva York.

 

El ser humano está genéticamente programado para sentir miedo, es nuestro ADN el que despierta la respuesta de temor ante potenciales peligros. La fobia a las alturas –acrofobia– es una de las más comunes entre la población general, a pesar de que hay personas que son inexplicablemente inmunes al vértigo. Entre ellas habría que citar a Philippe Petit, un funambulista francés soberbio y narcisista, que alcanzó gran repercusión mediática en 1974 cuando cruzó sobre un cable la distancia que separaba las Torres Gemelas del World Trade Center, en Nueva York.

 

A pesar de que Chicago fue pionera en el diseño de los rascacielos, fue en Nueva York donde tuvieron su mayor desarrollo. Ejércitos de forjadores, albañiles, soldadores y carpinteros trabajaron sin descanso, soportando los rigores del invierno, las elevadas temperaturas estivales y la peligrosidad de la construcción, para erigir estos mastodontes de acero.

 

Se calcula que fueron 9.000 los trabajadores que levantaron el Empire State Building, el que durante mucho tiempo fue el edificio más alto del mundo, en tan sólo un año y 45 días. La mayoría eran inmigrantes huidos del Viejo Continente tras el desastre de la Primera Guerra Mundial en busca del sueño americano. La plantilla también contaba con cientos de trabajadores indios mohawks, procedentes de la reserva de Kahnawak (Montreal, Canadá). Estos indios habían demostrado su pericia en las alturas durante la construcción del puente que atravesaba el río St. Lawrence, en el territorio de Mohawk.

Sus salientes pómulos, su piel cobriza, su altiva forma de caminar y su aplomo para transitar por las vigas de acero suspendidas a cientos de metros de altitud les hacían inconfundibles. La falta de vértigo de estos indios, probablemente por una mutación genética, hizo que se ganaran el sobrenombre reverencial de “águilas de la construcción”.

Fuente: http://www.abc.es/ciencia/abci-mutacion-genetica-hizo-posible-construccion-rascacielos-nueva-york-201801080208_noticia.html