Agricultura

Una ¿flor? de 11 kilos

Hay flores preciosas, y hay otras terroríficas, tan grandes que podrían protagonizar ellas solas una peli de monstruos. Y todas son flores… o no, que el mundo vegetal es tan complejo…

En el colorido mundo de la botánica, las flores son las niñas bonitas. Por su belleza, su atinada geometría, las orquídeas, las rosas, los jacintos, los lirios atraen la atención del observador, embotan sus sentidos y lo atrapan. Ciudades como París o Roma hospedan anualmente concursos de belleza floral con la rosa de protagonista. Buscan la mejor especie, nueva o antigua, la flor más perfecta. La orquídea trae de calle igualmente a muchos. En su libro de no ficción El Ladrón de Orquídeas, la periodista norteamericana Susan Orlean narra las peripecias del cazador de orquídeas John Laroche en los pantanos de Florida, lo que es capaz de hacer por encontrar la flor perfecta, la más rara, la más singular.


El reverso grosero de la estética floral encuentra también su sitio en la era de la información. Hace unos meses, portales de todo el planeta recogían las imágenes de un joven junto a una flor enorme, de hasta un metro de diámetro y once kilos de peso: la naturaleza exigida al máximo, el hombre elefante de las flores. La flor se llama Rafflesia arnoldii y se encuentra –cuando se encuentra- en algunas islas del sudeste asiático, Sumatra, Borneo e Indonesia, y algunas zonas del amazonas brasileño.

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Las imágenes en cuestión muestran unaflor roja moteada de blanco, los pétalos de un grosor hasta zafio, con un agujero en el medio y una membrana sembrada de pinchos en su interior: tu mamá no la querría en el jardín. Si no quiso que tuvieras un perro de mascota, definitivamente no querrá ver ni en pintura a la rafflesia.

Al parecer esta especie de rafflesia –hay 15, incluso se dice que hasta 19 contando cuatro especies que alguien vio un vez-es una de las flores más grandes del planeta. Es raro verla porque cuando se abre solo vive cinco o seis días antes de marchitarse. Los que la han visto al natural –y por tanto olido- dicen que desprende un hedor a carne en descomposición. La flor genera una sustancia que atrae a los insectos y estos, tan potentemente equipados para discriminar olores, no pueden evitar caer en el agujero de rafflesia. Al fin y al cabo, la flor se alimenta de ellos –y suponemos que de ahí deriva el hedor a carne muerta-.

Dicen que es una flor, pero carece de hojas, raíces y ni siquiera hace la fotosíntesis. De hecho es una flor parasitaria.

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Texto: Pablo Ferri